Satsch Gallery, la galería de diseño coleccionable, inaugura su sede en Palermo Chico con la exhibición Hiperpintura de Grupo Bondi

Satsch Gallery, la única galería en Argentina dedicada exclusivamente al diseño coleccionable, abre sus puertas en Barrio Parque. Este espacio innovador está dirigido por Sandra T. Hillar y Wustavo Quiroga, y busca promover el coleccionismo tanto privado como institucional a través de una cuidada selección de íconos del diseño, obras contemporáneas y experimentaciones vanguardistas.

En este contexto, Satsch Gallery presenta la exposición «Hiperpintura» del Grupo Bondi, compuesto por los diseñadores industriales Iván López Prystajko y Eugenio Gómez Llambi, que sorprende con una colección de muebles experimentales, creada a través de una fascinante técnica material. La pintura deja de ser simplemente una terminación para convertirse en un volumen moldeable y mecanizable, marcando una verdadera innovación en la historia mundial del diseño.

La corteza de un árbol avanza sobre los arabescos de un canasto de basura en la vereda. Los tonos grises del tronco de un plátano van absorbiendo los perfiles de hierro dibujando una zona de intersección que es el resultado de la sedimentación del tiempo. Mientras el árbol esté vivo esta forma seguirá en movimiento. En esta imagen existe un raro cruce entre planificación, accidente, despliegue de una forma viviente que se abre paso y un proceso tan dilatado que es imposible observarlo en tiempo real. Lo que llega a nosotrxs es el resultado de un evento fortuito que sigue abierto. Como si se tratara de una boya que devolvió el mar. Fue pensada con una función, un punto de señalamiento para la embarcaciones, pero en ese medio empezó a interactuar con otros elementos. Se le adhirieron pequeños moluscos y algas, el sol y el agua salada desgastaron su forma, su textura y su color. El punto en el que la estamos viendo ahora presenta un extraño reverso de los procesos de diseño que le dieron origen. 

Esta imagen de la corteza fue una de las primeras que acompañó al Grupo Bondi a finales de los años 2000. Y es interesante que les haya llamado la atención porque es justamente una paradoja de un tiempo dilatado y una contracara de los procesos de diseño y planificación. Es una observación que se centra en lo que no fue direccionado, sobre lo que simplemente pasa, un acontecimiento. Una especie de anomalía. Años después, como la figura de un rompecabezas que aún no había sido puesta en su lugar, esta imagen vuelve como una naturaleza muerta del tiempo de la producción fabril. La serie Hiperpintura es el resultado de una técnica basada en el accidente y la amplificación del tiempo productivo. Todo empezó en la planta industrial de Metalúrgica Mogno viendo cómo se pintan, con un sistema robótico automatizado, las rejillas de metal que se usan para los interiores de heladeras y freezers. Las rejillas penden de unas perchas que las hacen circular por la línea de montaje hasta completar el proceso de pintura en polvo y horneado. Los Bondis repararon en un elemento fortuito: la textura y el espesor de las capas de pintura sobre las perchas. Se detuvieron en las perchas, que luego de meses de uso continuo, eran descartadas por el grosor que tomaban. En sus accidentes, sus pliegues, el modo en el que se derraman y construyen un volumen. Una pintura volumétrica. A partir del hallazgo de está nueva técnica diseñaron una edición de mobiliario conformado por piezas únicas.

 

Otra imagen puede ser útil para pensar este accidente. A mediados de los años 90, el artista argentino Eduardo Costa comenzó su serie de “pinturas volumétricas”. Eran naturalezas muertas pintadas, o mejor dicho, hechas con pintura acrílica. El procedimiento era sencillo, casi satírico. En vez de pintar un limón se superponían incontables capas de pintura amarilla hasta producir el volumen de un limón en escala natural. El procedimiento era un comentario sobre la pintura, también sobre el género naturaleza muerta. En vez de representar el volumen, el color y la textura, directamente se la producía. Costa usaba justamente el género que había servido en la tradición occidental para poner en juego los lenguajes de la representación. Este desplazamiento tan sencillo dislocaba todo el sistema de relaciones originando otro lugar entre pintura y escultura. El eco de esta referencia ahora circula en la línea de montaje. Allí donde la pieza debería haberse detenido, sigue dando vueltas, se desplaza hacia otro espacio. Sigue hasta dar forma a una muesca, una casualidad, que es resultado del dispendio, de la profusión libre del tiempo. También se desplazan las relaciones entre objeto único y seriado, entre producción y exceso, entre planificación y accidente, entre diseño y arte. Como un juego de palabras tonto e ingenioso a la vez. Una boya que vuelve del mar de la producción con una forma irreconocible. O el resultado imprevisible de una forma viviente, un conjunto de relaciones, como la del corteza del árbol y el canasto de basura, que encuentran un modo particular.

Federica Baeza




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